Una mujer demasiado sorda.



-Doctor, resulta que mi esposa está sorda, porque yo le hablo y no me contesta.
-Para poder ayudarla tengo que saber hasta qué punto está sorda. Hoy cuando llegue a casa empiece a hablarle mientras se acerca a ella y dígame a que distancia le contesta.
Cuando llega a casa el hombre grita:
-Cariño, ¿qué hay para cenar?
No le contesta y se acerca más:
-Cariño, ¿qué hay para cenar?
Esta vez se pone el lado de su oreja y le vuelve a gritar:
-¡Cariño, ¿qué hay para cenar?!
Entonces su mujer se gira hacía él y le contesta:
-¡Esta ya es la tercera vez que te digo que hay macarrones!

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